
Hay olores, sabores y sonidos que no sé, me recuerdan momentos específicos de mi vida. Felices o amargos pero ya vividos y sentidos a corazón abierto. Como el zuuuummmm de las carreras de carros que me devuelven una niñez absoluta en las piernas de papá, o el olor a papas fritas que me sitúan en la cocina de la abuela cuando mi mami estuvo lejos. O el sabor de la caña de azúcar que me hace extrañar a mi abuelo y el pan con chorizo que me devuelve al patio del colegio.
O los chizitos y las mandarinas que me recuerdan indigestiones máximas dignas de olvidar y el vickvaporub que me devuelve la tristeza de una hermana con asma.
Los discos de Popy y Yola son bandas sonoras de mis primeros años maravillosos y el olor a canela me recuerda las mazamorras de cox doray(la antigua casa de mi abuela paterna).
Los plátanos me recuerdan el patio de mi primera casa y el piar de los pollitos las tombolas de 1ero de mayo en mi querido San José Obrero. El sonido del agua me transporta al puquio de la casa de Poroto y el olor a hospital inmortaliza mi apendicitis a los 5 años. El sonido de la aguja tatuadora me mata, son las alas de mi espalda en todo su esplendor y el olor a lluvia mis veranos de fenómeno del niño en huanchaco.
¿Cómo es que los sentidos son tan perfectos y precisos? Hoy mientras rezaba he olido un perfume que me hizo sonreir, fue sorprendente sentir todo de vuelta a través de la nariz.
Nosé, todavía no logro expresarlo, pero es que soy toda sentidos. Podría describir años a través de olores, sabores, visiones y sensaciones.


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