martes, marzo 23, 2010


TIEMPO

Hace dos años que tengo acumulado el sueño de todas mis mañanas agotadoras.
Me duele el aire, los pasos, las secuencias, la danza, el tráfico.
Hace dos años que vengo calculando las horas que me quedan para dormir.
Hace dos años que vengo economizando mis segundos, mi energía, mi silencio.
Me canso, respiro, me levanto, corro y canto, camino y digo, me siento y leo,
me seco el sudor del alma, bostezo, me esfuerzo, mucho, nunca es demasiado.
Hace dos años que me despierto queriendo seguir soñando.
Hace dos años que no creo lo que hago.
Hace dos años que vivo de verdad y esa vida me parte en dos.
Me gusta, me renueva, me exige, me enseña más de lo que pensé, me sorprende.
Me detiene, me desequilibra, me da diferentes direcciones, ritmos y niveles.
Hace dos años que empiezo muy temprano y termino muy tarde.
Hace dos años que me quejo pero soy indescriptiblemente feliz.
Hace dos años que el dolor importa muy poco y las ganas importan más que el mismo sufrimiento.
Me siento nueva, pequeña y grande a la vez, me siento yo.
Hace dos años que escucho lo que dice mucha gente.
Hace dos años que salto, ruedo, me estiro largo como un elástico y me encojo chiquita como una bolita de papel.
Hace dos años que no paro.
Hace dos años que me descubrí.
Hace dos años que todo este inmenso correr en contra de la corriente me ha tatuado las mejores de las sonrisas.
Hace dos años que descubri el verdadero significado de pasión.

jueves, marzo 18, 2010

Cuando no puedo gritar escribo,
es como si las palmas se dilataran y dejaran salir fuerza, energía.
Es como si depronto las yemas de los dedos se activaran y todo lo que siento oprimirme el corazón se diluyera convirtiéndose en palabras.

Cuando las lágrimas quieren resbalarse, escribo.
Cuando el silencio es ensordecedor, escribo.
Cuando el nudo de mi garganta es tan grande como mi dolor, escribo.
Cuando el miedo quiere paralizarme, escribo.
Cuando amo inmensamente, escribo, escribo, escribo.
Cuando extraño, escribo.
Cuando quiero hacerte saber que eres especial, te escribo.
Cuando la gente me abruma, escribo.
Cuando el aire a mi alrededor me asfixia, escribo.

Tengo un psicologo en las manos,
un drenaje con nudillos y uñas,
una voz que palpa,
un grito que hace tic tic en una computadora,
un corazón que se convierte en sílabas.
Tengo un don,
un as bajo la manga siempre que lo necesite,
tengo un mundo lleno de letras,
tengo una varita mágica en las manos.