lunes, mayo 31, 2010


La vida humana está llena de decisiones. Quedarse o irse, hablar o callar, caminar o correr.
Hay decisiones que te llevan al límite, otras que son inevitablemente necesarias y otras que marcan un giro rotundo en nuestras vidas.
¿Cómo hacer para decidir correctamente? Esa es la pregunta.
Decidir siempre es difícil, presupone tiempo para pensar, listas interminables de pro y contras o en todo caso, un impulso desenfrenado que decida por uno mismo. Pero a pesar de la dificultad, las decisiones siempre implican un nuevo comienzo, un respiro, un bienestar.

Toda esta semana le he dado vueltas a mi cabeza pensando que significa para mi ser bonita.
Y pienso que ser bonita es tener el corazón calmado, es estar llena de color, tener la cara un poquito sonrosada, tener los ojos grandes y brillantes, es respirar sin que nada lo entrecorte, es ser libre, es poder bailar y reir fuerte. Ser bonita es ser coqueta, es saberse grande, fuerte, feliz; es poder hablar de todo y con todos. Ser bonita es tener aretes lindos y divertidos, es buscar mucha ropa en el closet y salir así linda, como yo me siento cuando estoy tranquila, en paz.
Y pensaba mucho en esto no porque me importe verme bien y ser hermosa ante los demás ojos; sino porque tenía que hacer algo difícil.

Los humanos nos aferramos a la imagen que tenemos de nosotros mismos, nos resistimos a cambiar, por dentro y por fuera, queremos mantenernos, no mutar.
Pero yo tenía que hacerlo, tenía que cortarme el pelo chiquito, muy chiquito. Da miedo, créanme.
No tenía mucho tiempo para pensarlo, esta decisión estaba basada en mi formación académica y aunque nadie me obligaba, suponía un reto para mí.

Sí, me lo corté ,y me veo linda, como mi mamá, como un niño travieso e ingenuo; me siento segura, sensual, mujer.
Ésta decisión, para muchos, probablemente banal, me ha hecho revivir un poco, me ha devuelto las ganas de verme al espejo, de sentirme bien conmigo misma, de sonreir, de ser yo, Gabriela, un poquito más Nena y un poco más capaz.










sábado, mayo 15, 2010

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Hoy cuando te recordé olía a manzana acaramelada,estaba todo muy tranquilo y sólo resoplaba el viento en mi ventana sin pestillo.

Yo observaba el papel higiénico y pensaba que talvez tú vendrías y recortarías las primeras hojitas con tus manos grandes y acogedoras. Probablemente yo pondría el rollo al revés y entre risas tú dirias que siempre hago lo mismo.
Yo siempre recuerdo esas cosas minúsculas muy importantes de nuestras vidas,me dibujan una sonrisa incansable en la cara y añoro el tiempo, nuestro tiempo.
Entonces, me detengo y pienso que quizás hoy querrás que yo cocine para tí, o que vayamos a comer, de seguro yo no querré escoger y állí, nuevamente aparecerá esa cara que conozco de memoria. Me desagrada y me encanta, todo al mismo tiempo.
Yo quisiera poder comer contigo, juntos; tú molestándome con el tenedor, yo jugando con la gaseosa. Tu pidiendo lo que sabes me gusta, yo viendote, en silencio, con ojos de cámara fotográfica.
Verte, anhelo mucho verte y recibir un fuerte abrazo de otoño, con frío, con esperanzas. Me gustaría mucho abrigar mi alma a tu lado, no sentir este vacío.

Hoy, cuando te recordaba, pensaba que talvez quisieras que escucharamos música, o que fueramos al cine y que en la oscuridad apretaras mi mano cálidamente mientras yo finjo que la película me interesa más que tú.

Hoy, cuando te recordaba, pensaba que talvez jamás volverás.