Yo mordía mi almohada y apretaba los ojos, mientras, al otro lado
un grito de dolor llamaba a la muerte.
Por qué?
Me lo pregunto cada cinco segundos y nunca entenderé.
Desgarradora forma de abrirme los ojos.
Una cachetada fría que seca cualquier lágrima.
Una promesa de sonreír y agradecer eternamente.
Hoy, entré a la capilla.
Me senté y oré por ti, por mi, por ellos.
Por estar sana y completa.
Por papá y mamá.
Por las sonrisas que le debo al de arriba.
Por las manos llenas que encontré en el camino.
Por estos pies que danzan.
Por que, a pesar de todo, este corazón palpita.
La neblina se irá y seguiré regalando mis vocales
para que te llenen de gracia.
Ahora, tengo un olor que no se va.
Estoy viva.
Puedes olerme?
Puede que lo que escriba no sea la última palabra para todos, pero lo es todo para mi. Yo escribo para regalarle a mi alma los suspiros de mi puño y letra, por eso me declaro parlanchina de las manos.
lunes, octubre 24, 2011
domingo, octubre 23, 2011
viernes, octubre 21, 2011
Ya no sé nada.
Desapareció el destinatario.
Vuelvo a mí.
Tengo ganas de pintarme el pelo.
De aprender a correr tabla.
De disfrutar de los amigos que me devolvió el tiempo.
De sentarme en todas las butacas, de todos los teatros.
De escribirle a quien quiera leerme.
De despertar y solo pensar en Electra.
De llorar SOLO al ver una pelicula.
De ponerme bonita para que me vea el mundo.
De sonreir todos los días.
De ir a la playa.
De bailar.
De seguir creyendo en mi.
De esperar que un día llegue el amor.
De seguir siendo buena y menos tonta.
De seguir siendo yo.
Hoy he aspirado mi cuarto.
Quisiera aspirarme el corazón y mandarte una última carta
con el polvo que tiraste al viento.
Cómo si fuera tan fácil encontrar amor como éste!
En fin.
Tú perdiste, no yo.
Me voy sin decir adios.
:)
Desapareció el destinatario.
Vuelvo a mí.
Tengo ganas de pintarme el pelo.
De aprender a correr tabla.
De disfrutar de los amigos que me devolvió el tiempo.
De sentarme en todas las butacas, de todos los teatros.
De escribirle a quien quiera leerme.
De despertar y solo pensar en Electra.
De llorar SOLO al ver una pelicula.
De ponerme bonita para que me vea el mundo.
De sonreir todos los días.
De ir a la playa.
De bailar.
De seguir creyendo en mi.
De esperar que un día llegue el amor.
De seguir siendo buena y menos tonta.
De seguir siendo yo.
Hoy he aspirado mi cuarto.
Quisiera aspirarme el corazón y mandarte una última carta
con el polvo que tiraste al viento.
Cómo si fuera tan fácil encontrar amor como éste!
En fin.
Tú perdiste, no yo.
Me voy sin decir adios.
:)
miércoles, octubre 19, 2011
domingo, octubre 16, 2011
Subí las escaleras despacito, pensando.
Dándole aire al corazón.
Recogiendo los pedacitos que quedaron desperdigados en el edificio.
Armando mis desordenadas partes.
Escuchando, en mi cabeza, las palabras que me han regalado en estos días.
Los ojitos aún se llenan de lágrimas pero aprendo a hacer un nudito al corazón.
Me miro al espejo, en silencio.
Me abrazo, despacito.
Acaricio mi pelo, lo siento crecer.
Paso los dedos por mis mejillas desgastadas.
Siento mis latidos.
Soy yo.
Inteligente, grande, capaz.
Especial, sonriente, bonita.
Entonces, recuerdo que nací para ser feliz.
Que mi misión siempre fue soñar.
Que tengo alas.
Que soy puro corazón.
Que me siento orgullosa de ser transparente, verdadera, justiciera.
Que sigo creyendo que algún día cambiaré el mundo.
Observo mi frente y lleva mi nombre.
Mis lunares están intactos.
Mis zapatillas tienen los mismos colores.
Estoy aquí.
Gracias.
En dos meses, seré actriz.
En dos meses salgo de mi pequeño huevito.
En dos meses seguiré teniendo estas manitos gordas, estos pies pequeños, la misma panza, las puntas del pelo ensortijadas, la piel con el mismo color.
Saltaré con más fuerza, tal vez tenga una bicicleta, mi letra no habrá cambiado y pronunciaré este mismo guión.
Papá, mamá y Claudia, me aplaudirán en el teatro.
Probablemente siga amándote pero ya no importará.
No lo sé.
Caminaré más rápido.
Suspiraré.
Tendré más peso en la espalda y más aire en el pecho.
Estaré descalza, gritaré.
El tiempo se va, cura, enseña.
Yo camino, muto, me reinvento.
Yo me acaricio, aprendo a amarme más, me cuido.
Me hago más interesante, me descubro, me reafirmo.
Gracias.
A veces me extraño.
Gracias a Dios, no me voy.
Que me busque quien quiera encontrarme.
Que me quiera quien quiera quererme.
Esto es todo por hoy.
:)
Dándole aire al corazón.
Recogiendo los pedacitos que quedaron desperdigados en el edificio.
Armando mis desordenadas partes.
Escuchando, en mi cabeza, las palabras que me han regalado en estos días.
Los ojitos aún se llenan de lágrimas pero aprendo a hacer un nudito al corazón.
Me miro al espejo, en silencio.
Me abrazo, despacito.
Acaricio mi pelo, lo siento crecer.
Paso los dedos por mis mejillas desgastadas.
Siento mis latidos.
Soy yo.
Inteligente, grande, capaz.
Especial, sonriente, bonita.
Entonces, recuerdo que nací para ser feliz.
Que mi misión siempre fue soñar.
Que tengo alas.
Que soy puro corazón.
Que me siento orgullosa de ser transparente, verdadera, justiciera.
Que sigo creyendo que algún día cambiaré el mundo.
Observo mi frente y lleva mi nombre.
Mis lunares están intactos.
Mis zapatillas tienen los mismos colores.
Estoy aquí.
Gracias.
En dos meses, seré actriz.
En dos meses salgo de mi pequeño huevito.
En dos meses seguiré teniendo estas manitos gordas, estos pies pequeños, la misma panza, las puntas del pelo ensortijadas, la piel con el mismo color.
Saltaré con más fuerza, tal vez tenga una bicicleta, mi letra no habrá cambiado y pronunciaré este mismo guión.
Papá, mamá y Claudia, me aplaudirán en el teatro.
Probablemente siga amándote pero ya no importará.
No lo sé.
Caminaré más rápido.
Suspiraré.
Tendré más peso en la espalda y más aire en el pecho.
Estaré descalza, gritaré.
El tiempo se va, cura, enseña.
Yo camino, muto, me reinvento.
Yo me acaricio, aprendo a amarme más, me cuido.
Me hago más interesante, me descubro, me reafirmo.
Gracias.
A veces me extraño.
Gracias a Dios, no me voy.
Que me busque quien quiera encontrarme.
Que me quiera quien quiera quererme.
Esto es todo por hoy.
:)
miércoles, octubre 12, 2011
martes, octubre 11, 2011
domingo, octubre 09, 2011
Yo.
Me llamo Gabriela porque mamá escuchó en las noticias, que una hija de Alan García se llamaba así.
Le parecía un nombre fuerte, con personalidad. No se equivocó.
Mi abuelo quería que me llamara Mercedes. Así se llama mi abuelita y para mi buena "suerte", nací el mismo día que ella.
Mamá rogaba que naciera un día antes o un día después pero yo siempre hice lo que se me dió la gana.
Es lo que ella dice siempre cuando le reclamo haber nacido el mismo día. No me gusta.
Nunca me ha gustado compartir mi cumpleaños.
En una cajita, guardada en el escritorio de casa, donde están nuestras partidas de nacimiento y una serie de fotos y papeles que guardamos, para recordar, hay una foto de mamá cuando estaba embarazada de mi.
Su cara está un poco gordita, linda, tiene un vestido de cuadros y parece una muñequita de biscuit.
Mi espera la puso más bonita de lo que ya era. Yo era especial.
Supongo que papá quería un bebito pero la enfermera, un 24 de Setiembre de 1984, dijo que era mujer.
Eramos dos. El destino de papá era ser amado únicamente por mujeres.
Mamá siempre dice que de bebita era fea, muy cachetona, tenía los pelos parados y mi cuerpo era un engaño. Era una bebita flaca, flaca. Mi abuela reniega al escucharla, dice que nunca había visto a una madre decir que su hija era fea. A mí, me resulta muy gracioso. Siempre reímos cuando mi abuela cuenta la historia.
Mamá dice que era "trinchuda". Un día, después de bañarme, cortaba mis diminutas uñitas. De pronto, mis horribles pelos empezaron a pararse. Ella, no dudo en cortar aquellos rebeldes pelitos con la tijera. Al día siguiente, mi pequeñita cabeza se empezó a ensortijar. Gracias por los rulitos mamá.
Yo gateaba para atrás como los cangrejos.
Caminé al año diez meses.
No hablaba, o sí pero en mi propio idioma. Solo señalaba y decía tres palabras: ma, pa y te.
Mamá preocupada le preguntó al doctor qué pasaba conmigo. A lo que él respondió: señora su hija no será muda, ni coja, ella solo necesita su propio tiempo.
Una vez que empecé a hablar nadie me paró.
Como no podía pronunciar Claudia, le dije Caca a mi hermana. Me costó un cocacho.
Siempre me gustó bailar, tengo muchas fotos alado del equipo de música.
Recuerdo también que papá me subia en la mesa marrón del escritorio antiguo, ponía la cación "fuma el barco" y me cantaba para que baile.
A los tres años empecé a bailar marinera. No paré hasta los quince.
Fui una niña desenvuelta, sonriente, agrandada, mandona, berrinchuda. Le hacía la pataleta a mamá, hasta que me metió a la ducha con zapatos y todo. Nunca más.
En los cumpleaños de mi hermana, yo bailaba con sus amiguitos, bailaba y bailaba. Comía chizitos pero eso sí, no me gustaba la piñata, se ensuciaba mi vestido jajaja!
A los 5 años, me dió apendicitis. Mamá alistaba a mi hermana para que fuera al colegio. Yo, tenñia una pijama roja y me dolía terriblemente la panza. No sabía donde, solo era la panza.
Recuerdo los focos grandes del quirófano. Recuerdo la madrugada en el hospital con mi mamita al costado. Recuerdo a las enfermeras malas. Recuerdo haber despertado en un cuarto, alado mío había un niñito, todo quemado. Aich!
Recuerdo a mi abuelita, pero lo que más recuerdo es que quise ir al baño, me ayudaron a bajar de la cama y quise caminar solita empujando mi suero. Caminé agachadita con la otra mano en la herida. Al llegar al baño mi abuelita quiso entrar conmigo pero yo le respondí que ya estaba grande como para entrar con ella al baño. Ay Gabriela!
Recuerdo a mis profesoras del nido, llevándome regalos al hospital. Hasta recuerdo mi pijama.
Recuerdo que mamá estaba preocupada porque se acercaba mi exámen de ingreso al colegio y yo estaba recién operada. No pasó nada, igual ingresé.
A los 6 años, lo de la marinera se hizo más real. Iba a concursar por primera vez en un nacional.
Ensayaba duro, era divertido y fuerte. No podía ir a la playa porque me cansaba, tenía los piecitos destrozados, llegaba muy cansada a casa. Me gustaba.
Viajamos, fuimos por todos lados, siempre los cuatro. Gané algunos concursos, otros no, conocí a mucha gente, conocí un mundo maravilloso y al mismo tiempo detestabe pero aprendí más de lo que alguna vez pensé.
Siempre fui buena en el colegio, inteligente, aplicada, querida por mis compañeros y profesores, revoltosa pero no malcriada, conversadora, juguetona, hábil. La primera en las actuaciones. A mamá le daba verguenza, nadie me bajaba del escenario jaja!
En casa me gustaba encerrarme en mi cuarto, casi no jugaba con mi hermana. Siempre fuimos muy distintas. A mí me gustaba mirarme al espejo y actuar. Claudia me había hecho una especie de vaso de wisky con legos (me da mucha risa) y tenía un cigarro de mentira. Era un lapicero que le regalaron a papá, en forma de cigarro. Perfecto.
Me gustaba ponerme los zapatos y la ropa de mamá o la de mi abuela. Me gustaba jugar con el teléfono, con la máquina de escribir, con esas cosas de grande.
Tenía una cartera de plástico llena de pulseras de plástico y de maquillaje de mentira. Los llevaba hasta a misa y pasaba el colorete, veinte veces, por la boca de mamá.
Cuando me aburría de ser "grande", le pedía a la señora, que trabajó por 21 años en mi casa, que jugara yaxes o liga conmigo, yo era muy tramposa jajajaja!
Los 6 años fueron importantes para mi, en la tele, daban Natacha. Me encantaba sentare, embobada, frente al televisor y memorizar cada escena de aquella novela. Ese año decidí que quería ser actriz. La verdad no sé por qué ni cómo pero cuando me preguntaban qué quería ser, yo respondía que quería ser como la mala de la novela, la que mentía que estaba inválida. Heme aquí.
A los 6 años, no míos, sino de mi hermana, pasó algo importante, fuerte.
Mi hermanita, porque cuando la recuerdo así, siento que es más chiquita que yo, fue operada de la orejita.
Recuerdo poquitas cosas pero las recuerdo.
Recuerdo su cabecita completamente vendada. Recuerdo haberme quedado en casa de la abuela. Recuerdo a mis tíos engreíndome porque no estuve con mis papás por más de un mes. Recuerdo a mi abuela friendo cantidades incontables de papas fritas porque no quería comer. Recuerdo a mamá flaquita. Recuerdo dolor.
A veces, hablo de eso con mamá. Aún llora cuando me cuenta.
De los siguientes años recuerdo la tos de mi hermana, sus interminables noches durmiendo casi sentada, yo sobándole el pecho. Recuerdo nuestros juegos con la almohada, antes de dormir, nuestras risas y a mamá pidiéndonos que nos callemos, que debíamos dormir porque al dia siguiente habìa colegio.
Recuerdo nuestros partidos de voley con un globo. Nuestras peleas, que no duraban más de 5 minutos. Nuestros días de apagón pintando a luz de una vela, nuestras partidas de ludo, damas chinas o memoria con papá y mamá.
Una vez, mamá estaba muy molesta por alguna travesura que habíamos hecho, entonces, decidió perseguirnos por toda la casa con un palo de brigadier. Daba vueltas entre la sala y la cocina, cuando por fin, pudo darnos un pequeño golpecito, el palo se partiño en dos. Pobre mamá, qué frustración.
Me gustó mi infancia pero no me gustaba escuchar a papá y mamá gritar.
Recuerdo que algunas veces papá llegaba tarde y discutía con mamá porque había tomado con sus trabajadores.
En casa se grita mucho. Odio eso, me aturde.
Mi adolescencia fue normal. Me puse más respondona y empecé a chocar con mamá pero nunca fui rebelde, ni descarriada.
Siempre traté de ser juiciosa, aunque algunas veces me escapaba por ahí.
Jugué a las barbies hasta los 14 años, lo confieso.
Mamá me mantuvo siempre ocupada y con el cerebro cargado. Se lo agradezco.
Fui a clases de inglés, computación, natación, marinera, pintura, piano, teatro, voley, modelado en arcilla, etc, etc, etc.
Me vino la regla a los 15. Me desperté una mañana y mi calzón estaba rojo, me asusté y llamé a mamá.
Me abrazó y me explicó ese rollo de ser mujer, me acompañó al baño y me explicó como ponerme la toalla higiénica. Lloré y la abracé, no quería ser mujer. Para mi mala suerte, ese día tenía clase de educación fisica. El bulto, que absorvía la sangre de mi crecimiento, fue lo más horrible de aquellos tiempos.
Una de mis mejores amigas, de toda la vida, cumplía quince. Organizó una pequeña pijamada en su casa. Yo sangraba, ellas se burlaban de mi y decidieron no dormir conmigo "por si las manchaba". Por suerte, Claudia Anchorena, mi querdia Clau, durmió conmigo cuando mis hormonas empezaban a revolverse.
A los 16, fue mi primer beso. El chico más churro del salón se había fijado en mi. Fuimos a un quinceañero, bailó conmigo toda la noche, me llevó a casa y en la banquita de un parque, me engañó que quería estar conmigo. No había otra forma de sacarme un beso, él sabía que yo era una chica respetable.
Me besó, puso su saco en mis hombros y me besó. Fue bonito y raro.
Al día siguiente, no almorcé de la emoción. Estuvimos una semana. Me trataba mal, como un niño. Su cerebro era del tamaño de un maní. A la semana siguiente, por primera vez, el chico churro y bruto, rompió mi corazón.
Me volví a enamorar, esta vez fue en serio. Recuerdo lo bonito del principio. Los nervios, la verguenza, las primeras salidas, las manitos juntitas, el primer mes. Los peluches, las flores y esos regalos comunes que dejaron de gustarme después.
Recuerdo las sonrisas, la inocencia, el pirmer amor. Fue paja, aunque su mamá me haya hecho rabiar jajaja!
Y fueron cuatro años. Increíble, no?
Ahora lo recuerdo como a ese gran amigo del que me enamoré.
La ruptura no me dolió tanto porque me volví a enamorar.
Este segundo amor fue terrible, inapropiado, dañino, fuerte, confuso, duro.
Yo, simplemente no quería ver ni escuchar.
Duró tanto como mi dolor. Una constante caída hacia el abismo. Un nudo. Un problema.
Muchas mentiras, mucha intranquilidad, mucho caos.
Esta tonta Gabriela, que habita en mi, creyó saber lo que era el amor.
Me ahogué y cuando toda yo estaba mojada hasta los pies dije: Te amo. Por respuesta, recibí un: GRACIAS!
Qué le pasó a la chica buena, inteligente, grande, capaz? Por qué te equivocaste tanto, Gabriela?
El día que vi llorar a mamá, ese dia, supe que todo estaba mal.
Ese horrible amor, me dejó años de soledad, de miedo, de inseguridad.
Pero me dió una gran lección. GRAN.
Entre todo el horror, también, hice cosas importantes. Como terminar la universidad, batallar por una tesis que nunca quise hacer, trabajar alguito, soñar. Seguir soñando.
Jamás abandoné mi sueño de ser la mala de Natacha. Vine hasta aquí. Dejé todo y a todos. Ingresé a la escuela de teatro. Solté la mano de papá y mamá. Me tiré al viento, sin paracaídas.
Crecí, crecí, maduré. Le di fuerte a los sueños, le di fuerte a mi yo. Luché, lucho, todavia sigo soñando.
Todavía me tapo hasta la cabeza porque extraño con todo mi casa, mis domingos con ellos, mi cama, las marquitas que mi hermana pintó para mi. Mis mañanas con mamá, mi leche siempre servida, los martes con mi mejor amigo. Mi calle, el sol de mediodía, la tranquilidad.
Extraño mucho los abrazos de papá, a mi hermana, siempre a la izquierda.
Extraño a mamá cuidándome cuando estoy enferma o preguntándome que quiero almorzar. Extraño dormir después de almuerzo, ver tele en la cama de mamá, comer canchita viendo a Raúl Romero, pasear por el centro, ir al mercadito o a Plaza Vea.
Todavía lucho con mis lágrimas porque no soy de aquí, porque me siento perdida, porque tengo miedo de lo que vendrá, porque no encuentro mi lugar.
Me doy ánimos todas las mañanas para despertarme y sonreir, como siempre.
Este es mi ultimo ciclo en la escuela. Todo se pasó tan rápido que no lo puedo creer.
Este último año sucedieron cosas importantísimas.
Si, me volví a enamorar. Esta vez fue diferente, totalmente diferente.
Un día cuando decidí no pelear más conmigo y el dolor, le hablé a Dios, como todas las noches. Le agradecí por ser especial, por mis sueños, por mis manos y mis pies, por todo. Ese día, dormí tranquila.
Días después, apareció él. Me habló. Fue raro, especial.
Podía leer, por fin, lo que siempre esperé que alguien escribiera.
Fue extraño, hermoso, mágico. Aún, después de 6 meses, no puedo explicarlo.
Era él. Ricardo.
Yo, creí saber de amor.
Yo, creí haberme enamorado antes.
No era verdad.
Cuando sus ojos me vieron por primera vez. Alado de esa banquita, que siempre está ocupada. Supe que el amor era sublime, supe que el amor, era él.
Hoy, puedo decir que estoy enamorada.
Nunca nadie me había dicho te amo.
Él, lo hace siempre, con convicción, con ternura, con todas las letras.
Él, es hermoso.
Yo quiero compartir mis días con Ricardo.
Yo, lo amo.
Esto, soy yo. No sé que vendrá después pero siempre sueño, siempre me entrego al amor.
Soy especial.
Necesito mi propio tiempo.
Soy fuerte como mi nombre.
Me enamoro, esta vez me corresponden. Esta vez, soy feliz.
Y aunque muchos dirian que está lejos y que es muy dificil. Yo, apuesto por él, porque nunca habìa visto unos ojos más puros y sinceros.
Yo apuesto por mis sueños, siempre.
Así soy YO.
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