domingo, octubre 16, 2011

Subí las escaleras despacito, pensando.
Dándole aire al corazón.
Recogiendo los pedacitos que quedaron desperdigados en el edificio.
Armando mis desordenadas partes.
Escuchando, en mi cabeza, las palabras que me han regalado en estos días.

Los ojitos aún se llenan de lágrimas pero aprendo a hacer un nudito al corazón.
Me miro al espejo, en silencio.
Me abrazo, despacito.
Acaricio mi pelo, lo siento crecer.
Paso los dedos por mis mejillas desgastadas.
Siento mis latidos.
Soy yo.
Inteligente, grande, capaz.
Especial, sonriente, bonita.

Entonces, recuerdo que nací para ser feliz.
Que mi misión siempre fue soñar.
Que tengo alas.
Que soy puro corazón.
Que me siento orgullosa de ser transparente, verdadera, justiciera.
Que sigo creyendo que algún día cambiaré el mundo.
Observo mi frente y lleva mi nombre.
Mis lunares están intactos.
Mis zapatillas tienen los mismos colores.
Estoy aquí.
Gracias.

En dos meses, seré actriz.
En dos meses salgo de mi pequeño huevito.
En dos meses seguiré teniendo estas manitos gordas, estos pies pequeños, la misma panza, las puntas del pelo ensortijadas, la piel con el mismo color.
Saltaré con más fuerza, tal vez tenga una bicicleta, mi letra no habrá cambiado y pronunciaré este mismo guión.
Papá, mamá y Claudia, me aplaudirán en el teatro.
Probablemente siga amándote pero ya no importará.
No lo sé.
Caminaré más rápido.
Suspiraré.
Tendré más peso en la espalda y más aire en el pecho.
Estaré descalza, gritaré.

El tiempo se va, cura, enseña.
Yo camino, muto, me reinvento.
Yo me acaricio, aprendo a amarme más, me cuido.
Me hago más interesante, me descubro, me reafirmo.
Gracias.

A veces me extraño.
Gracias a Dios, no me voy.
Que me busque quien quiera encontrarme.
Que me quiera quien quiera quererme.

Esto es todo por hoy.
:)