sábado, octubre 14, 2006


Sin título

He decidio enamorarme aunque no me convenga. Porque esto de amar es un juego de conveniencias, de quien da más y menos. Y aunque yo no esté para entregar mi vida al azar, me voy a jugar todo.
Voy a enamorarme de los ojos de Fidel, de las manos de Tadeo, de la nariz de Ricardo, de la boca de Joaquin y de las mentiras de Francisco. Quien sabe juntando lo de todos me quede algo bueno.
Y voy a dejar de ser sola en la cuadra, pediré mesa para dos como diría Ignacio, bailaré pegado y buscaré besos de la nada. Caminaré atada de manos y prometo no ver el menú, me peinaré de vez en cuando y hasta me haré la manicura. En el cine escogeré los asientos traseros y será todo de a dos, obvio con una sola cañita.
Tendré pareja de baile asegurada y jueguitos de manos bajo la mesa. Tendré llamadas de madrugada y peleas a ciencia cierta. Todo eso incluido en el paquete del amor.

Y quién crea que puede conmigo que venga, que deje un curriculum con olor. Que toque la puerta o espere de pie.
Se pide que cante, que baile y solo si se puede que fume también. Se atiende en horario corrido ¿y los domingos? si señores ese día también.

Ahora me voy. Si! a enamorarme de aquél o quien sabe de ese otro, si él. Total no tengo nada que hacer.

sábado, octubre 07, 2006


Sorprendentemente en contra

Me disgustan las mujeres porque nunca pude entablar una amistad sincera salvo excepciones considerablemente atípicas (llámese soulmates, o niñas/niño como yo). Mis mejores amigos siempre fueron hombres y me siento tan involucrada con ellos que talvez esa sea la razón por la cual empecé a ver a las mujeres de manera distinta. Y no es que las odie porque como diría una linda amiga mía, soy mujer y me amo. Pero es que hay tanto de ellas que me desagrada que no quisiera que me metieran en el mismo saco por el simple hecho de ser mujer.
Tengo que decir que yo nunca fui extremadamente femenina, aunque confieso que de niña amaba ponerme los tacos de la abuela, pintarrajearme y andar con cartera en brazo por toda la casa. Pero considero que el feminismo no necesita de cuerpos apretados por un pantalón, mucho menos de caras alteradas por 3 litros de base. Tampoco entendí ni entenderé porque el disfuerzo de las mujeres adolescentes de hoy. ¿Se tiene que ser tan Mia Colucci para llamar la atención? ¿Es necesario hacer tanta mueca al momento de hablar para causar alboroto?
La verdad no lo entiendo, y se debe a que jamás tuve que pararme de manos para que me miraran, si un chico no quería verme tal y como era pues que no lo hiciera, me importaba un rábano.
Detesto también esas ganas de las mujeres de hacerse las minusválidas e indefensas, yo las catalogaría más bien de taradas. Puede ser que el hombre tenga mayor fuerza, físicamente hablando, pero la mayoría de las cosas habidas y por haber pueden ser hechas por mujeres. Podemos abrir la puerta del carro, cargar maletas, pagar la cuenta, sacar a bailar, jugar fútbol, fumar, tomar y bailar pegadito así que no nos hagamos tarugos. No me cabe en la cabeza esa concepción de las mujeres de que por serlo no se les permiten ciertas cosas, o esta otra de que a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa y por tal motivo se aprovechan y agarran a golpe limpio al primero que se cruce en su camino, total el no se la puede devolver. ¡Por Dios! dejen de exponerse que un día de estos se encuentran con uno que les devuelve la cachetada y ni aunque lloren como María Mercedes se salvan. Igualdad es igualdad

Odio también que las mujeres sean chismosas y por ende exageradas, aunque tendría que decir por propia experiencia que los hombres son más chismosos aún, con la diferencia de que chismean entre ellos y listo. Las mujeres, por el contrario, no pueden mantener la boca cerrada. Parece que hubieran sido creadas para desperdigar por las calles la vida de los demás y encima le añaden al asunto su propia sal y pimienta. A mi parecer a nadie más que al involucrado debe de importarle lo sucedido. Por eso boquita cerrada muchachitas.
Detesto también que sean guachafas y no me refiero en el modo de vestirse, sino en su forma de actuar y de pensar. A veces (siempre) es mejor tener más cerebro que esmalte en las uñas, o es preferible saber hablar que caminar con taco aguja.
Y no me olvido de las hipócritas, cínicas y envidiosas porque abundan. Conozco varias que te dicen amiga a viva voz y a la media vuelta están clavándote el puñalazo por la espalda sin ton ni son. Ay Dios de esas me libro yo. En este caso tengo que decir que los hombres son menos envidiosos y conflictivos entre si, por el contrario tratan de apoyarse mutuamente lo cual es digno de elogiar.
Y no hablemos de las bobas, esas que se las creen todas y andan saltando entre Blanca Nieves y Cenicienta. Alguien debería decirles que por andar con la boca abierta se pueden caer en un buzón.
Me disgustan también las convenidas, resentidas, criticonas, creídas, ostentosas, malhumoradas, santurronas, calentonas, regalonas y solteronas. Porque gracias a ellas TODAS las mujeres del planeta hemos sido vistas alguna vez como necias, complicadas, indescifrables, brutas, inútiles y necesitadas.

jueves, octubre 05, 2006


Lo que hace el señor sol

Los días soleados alimentan mi ego. Repentinamente al ver los rayos colándose por mi cortina empiezo a sentirme bonita aunque puede ser que no lo sea y no me importe mucho. Me siento bonita por dentro, como alimentada de amarillo luz, llena de ánimos y sonrisas desparramadas. Me siento como en cuento de hadas pero con pajaritos cantando reggaeton y maripositas bailando perreo. Aunque más bien eso sería pesadilla, dejemos de lado los pajaritos y maripositas. Digamos que todo se pone positivo a mi alrededor y fluyen unas ganas increíbles en mi de hacer cosas productivas, de buscar nuevos colores para los sueños, de manejar bicicleta sin manos, de respirar pureza con los ojos cerrados.

En días soleados regalo canciones a vivo pulmón, le pongo mas vida a mi guardarropa, abrazo con más fuerza y huelo a miel. Me vuelvo parlanchina, divertida y hasta puede ser que suspire con cursilería incluida todo por amor.

Hoy salió sol y es hora de arreglar mi bicicleta morada, regalo de infancia. Prometo llegar hasta París con ella o a pie. Hoy tengo ganas y quizás mañana no salga más el sol, por eso me voy con las manos llenas de vida y los bolsillos de caramelos de limón.

martes, octubre 03, 2006


Hay olores, sabores y sonidos que no sé, me recuerdan momentos específicos de mi vida. Felices o amargos pero ya vividos y sentidos a corazón abierto. Como el zuuuummmm de las carreras de carros que me devuelven una niñez absoluta en las piernas de papá, o el olor a papas fritas que me sitúan en la cocina de la abuela cuando mi mami estuvo lejos. O el sabor de la caña de azúcar que me hace extrañar a mi abuelo y el pan con chorizo que me devuelve al patio del colegio.
O los chizitos y las mandarinas que me recuerdan indigestiones máximas dignas de olvidar y el vickvaporub que me devuelve la tristeza de una hermana con asma.
Los discos de Popy y Yola son bandas sonoras de mis primeros años maravillosos y el olor a canela me recuerda las mazamorras de cox doray(la antigua casa de mi abuela paterna).
Los plátanos me recuerdan el patio de mi primera casa y el piar de los pollitos las tombolas de 1ero de mayo en mi querido San José Obrero. El sonido del agua me transporta al puquio de la casa de Poroto y el olor a hospital inmortaliza mi apendicitis a los 5 años. El sonido de la aguja tatuadora me mata, son las alas de mi espalda en todo su esplendor y el olor a lluvia mis veranos de fenómeno del niño en huanchaco.

¿Cómo es que los sentidos son tan perfectos y precisos? Hoy mientras rezaba he olido un perfume que me hizo sonreir, fue sorprendente sentir todo de vuelta a través de la nariz.
Nosé, todavía no logro expresarlo, pero es que soy toda sentidos. Podría describir años a través de olores, sabores, visiones y sensaciones.

domingo, octubre 01, 2006



Odio los domingos S.A.

Alguna vez en mi vida( ¿22 años pueden llamarse vida?) pensé en formar una sociedad no tan anónima de personas que odiaran los domingos tanto o más que yo, pero desistí en el camino porque tome la decisión de hacerlo precisamente un domingo. No recuerdo exactamente cuando fue que empecé a odiar el último día de la semana, pero estoy segura que tal acontecimiento desagradable se dió cuando empezaron a endurarse las cosas con el trabajo de mi papá y tuvo que irse cada vez más lejos de casa. Empecé a sentir que las cosas eran diferentes sin él y me resistía a fingir que nada había pasado. Era imposible para mi tener las mismas sensaciones dominicales sin el dueño del septimo día, porque mi papá siempre será en mi casa el rey de los domingos. Es sorprendente la manera en que puede convertir el peor de los días, en lo más gracioso jamás antes visto; o también puede aguarlo por completo si es que despierta con humor de perro rabioso, pero es poco usual en él para gracia de sus tres mujeres (mi mami, mi hermana y yo).

Los domingos hace 5 años atrás eran especiales. Era un día exclusivo para verse bien, para visitar, para pasear, para comer a veces excesivamente bien, para jugar, para reir, para olvidar y para descansar. Y era eso lo que más me agradaba. O puede ser también que estando más chica todo era más seductor que ahora. En fin fuera cual fuera la razón domingo era domingo.
De un tiempo a esta parte las cosas son diferentes. No quiero desmerecer las ganas de mamá de hacer que todo sea igual o al menos un poco parecido a lo que tanto añoramos, porque se que se sentirá un poco mal sabiendo que no disfrutamos como antes de ese día. Y no es por ella, ni mucho menos, porque mamá también es extremadamente divertida y trata de inventar nuevas formas de ver los dias ahora que somos 3. Pero con más años encima y sin el hombre de nuestras vidas aquí, los domingos se hicieron sosos. Casi rutina u obligación diría yo.
Sumado a esto mis sensaciones parecen revolverse cada domingo. Siempre es mal humor o pena, melancolía o irritación. Parece que mis sentimientos hicieran corto circuito al final de la semana y se propusieran colapsar sin razón aparente alguna.
Desde entonces, para mi, los domingos son sinónimo de dormir, no hablar, no escuchar, no reir y simplemente esperar a que termine.

Lo bueno de todo esto es que como yo he encontrado a algunas personas particulares a las que tampoco les gusta este día ya sea porque les parece aburrido, triste, inservible o monótono. Y eso me hace sentirme un poco mejor y en el fondo acompañada. Es más he empezado a compartir los domingos con mis semejantes a ver si de esta manera revivimos o le encontramos algo divertido al dichoso día. Pero aún tengo mis dudas, pues mientras mi papá siga lejos, yo he decidido sacar de mi calendario al septimo día.