sábado, octubre 07, 2006


Sorprendentemente en contra

Me disgustan las mujeres porque nunca pude entablar una amistad sincera salvo excepciones considerablemente atípicas (llámese soulmates, o niñas/niño como yo). Mis mejores amigos siempre fueron hombres y me siento tan involucrada con ellos que talvez esa sea la razón por la cual empecé a ver a las mujeres de manera distinta. Y no es que las odie porque como diría una linda amiga mía, soy mujer y me amo. Pero es que hay tanto de ellas que me desagrada que no quisiera que me metieran en el mismo saco por el simple hecho de ser mujer.
Tengo que decir que yo nunca fui extremadamente femenina, aunque confieso que de niña amaba ponerme los tacos de la abuela, pintarrajearme y andar con cartera en brazo por toda la casa. Pero considero que el feminismo no necesita de cuerpos apretados por un pantalón, mucho menos de caras alteradas por 3 litros de base. Tampoco entendí ni entenderé porque el disfuerzo de las mujeres adolescentes de hoy. ¿Se tiene que ser tan Mia Colucci para llamar la atención? ¿Es necesario hacer tanta mueca al momento de hablar para causar alboroto?
La verdad no lo entiendo, y se debe a que jamás tuve que pararme de manos para que me miraran, si un chico no quería verme tal y como era pues que no lo hiciera, me importaba un rábano.
Detesto también esas ganas de las mujeres de hacerse las minusválidas e indefensas, yo las catalogaría más bien de taradas. Puede ser que el hombre tenga mayor fuerza, físicamente hablando, pero la mayoría de las cosas habidas y por haber pueden ser hechas por mujeres. Podemos abrir la puerta del carro, cargar maletas, pagar la cuenta, sacar a bailar, jugar fútbol, fumar, tomar y bailar pegadito así que no nos hagamos tarugos. No me cabe en la cabeza esa concepción de las mujeres de que por serlo no se les permiten ciertas cosas, o esta otra de que a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa y por tal motivo se aprovechan y agarran a golpe limpio al primero que se cruce en su camino, total el no se la puede devolver. ¡Por Dios! dejen de exponerse que un día de estos se encuentran con uno que les devuelve la cachetada y ni aunque lloren como María Mercedes se salvan. Igualdad es igualdad

Odio también que las mujeres sean chismosas y por ende exageradas, aunque tendría que decir por propia experiencia que los hombres son más chismosos aún, con la diferencia de que chismean entre ellos y listo. Las mujeres, por el contrario, no pueden mantener la boca cerrada. Parece que hubieran sido creadas para desperdigar por las calles la vida de los demás y encima le añaden al asunto su propia sal y pimienta. A mi parecer a nadie más que al involucrado debe de importarle lo sucedido. Por eso boquita cerrada muchachitas.
Detesto también que sean guachafas y no me refiero en el modo de vestirse, sino en su forma de actuar y de pensar. A veces (siempre) es mejor tener más cerebro que esmalte en las uñas, o es preferible saber hablar que caminar con taco aguja.
Y no me olvido de las hipócritas, cínicas y envidiosas porque abundan. Conozco varias que te dicen amiga a viva voz y a la media vuelta están clavándote el puñalazo por la espalda sin ton ni son. Ay Dios de esas me libro yo. En este caso tengo que decir que los hombres son menos envidiosos y conflictivos entre si, por el contrario tratan de apoyarse mutuamente lo cual es digno de elogiar.
Y no hablemos de las bobas, esas que se las creen todas y andan saltando entre Blanca Nieves y Cenicienta. Alguien debería decirles que por andar con la boca abierta se pueden caer en un buzón.
Me disgustan también las convenidas, resentidas, criticonas, creídas, ostentosas, malhumoradas, santurronas, calentonas, regalonas y solteronas. Porque gracias a ellas TODAS las mujeres del planeta hemos sido vistas alguna vez como necias, complicadas, indescifrables, brutas, inútiles y necesitadas.

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