
Lo que hace el señor sol
Los días soleados alimentan mi ego. Repentinamente al ver los rayos colándose por mi cortina empiezo a sentirme bonita aunque puede ser que no lo sea y no me importe mucho. Me siento bonita por dentro, como alimentada de amarillo luz, llena de ánimos y sonrisas desparramadas. Me siento como en cuento de hadas pero con pajaritos cantando reggaeton y maripositas bailando perreo. Aunque más bien eso sería pesadilla, dejemos de lado los pajaritos y maripositas. Digamos que todo se pone positivo a mi alrededor y fluyen unas ganas increíbles en mi de hacer cosas productivas, de buscar nuevos colores para los sueños, de manejar bicicleta sin manos, de respirar pureza con los ojos cerrados.
En días soleados regalo canciones a vivo pulmón, le pongo mas vida a mi guardarropa, abrazo con más fuerza y huelo a miel. Me vuelvo parlanchina, divertida y hasta puede ser que suspire con cursilería incluida todo por amor.
Hoy salió sol y es hora de arreglar mi bicicleta morada, regalo de infancia. Prometo llegar hasta París con ella o a pie. Hoy tengo ganas y quizás mañana no salga más el sol, por eso me voy con las manos llenas de vida y los bolsillos de caramelos de limón.
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