lunes, abril 11, 2011



Llevo siete letras en cada paso que doy.

Ricardo.

Y voy respirando tu aire, de a poquitos, esperando que me dure estos diez días sin ti.

Camino con los ojos abiertos, pero dormida, pensando que encontraré las palmas de tus manos entre aquellas masas que se confunden en el camino.

Sueño con ese nudo involuntario que se me crea en la panza cada vez que estás cerca.

Creo que puedo sentirte.

Haz traspasado mis sensaciones.

Te llevo aquí como ese canguro que deseas ser.

Y preguntas, inocentemente, ¿qué hacen los enamorados?

Yo respondo.

Corren hacia su encuentro, con ganas de vomitar de tanta emoción.

Se abrazan indefinidamente.

Se huelen.

Se besan, originando la radiación de ese mar tan azul.

Caminan, uno alado del otro, siempre con los dedos entrelazados.

Se miran, como tontos, y sonrien descubriendo un hermoso hoyito.

Reviven nuevamente los sentidos.

Suspiran. Suspiran. Suspiran.

Se escriben y se leen, con lágrimas en los ojos, con el corazón en los índices.

Ven Hey Arnold, Rocko y Closer, interrumpiendo las escenas con un besito inocente.

Se despiden partiéndose en dos.

Se acompañan.

Sonríen un poco/mucho más.

Liberan sus feromónas.

Disfrutan la piel.

Conversan, viven, escuchan.

Son tú y yo haciéndose uno para siempre.


No necesitas actuar, somos mucho más que esto.

Somos paz.

Libertad.

Tu pelo.

Mis ojos.

Mi mentón, ahora tuyo.

Agua.

Miedo.

Preguntas.

Deseos.

Tiempo, mucho tiempo.

Ganas.

Fuerza.

Yo.

Tú.

Dos.

Alma.

Y un infinito TE AMO.

(Tengo 21 razones más para que esto sea como queremos. Te las digo hoy al oído antes de dormir)