Día 6:
Tiemblo.
He visto el video de háblame.
De pronto, he recordado la primera vez que te vi tocar.
Fue diferente.
Fue especial.
Ese día hice mi primer sacrificio por ti.
Al verte sentado ahí, con tanta música saliendo de tus poros, comprobé que Ricardo no era un nombre ordinario (común).
Hacia frío.
Estuve más de dos horas parada al pie de una reja que dividia mi mano de la tuya, nunca mi corazón.
Yo empezaba a amarte.
Era todo nuevo, fuerte igual.
Me mirabas de vez en cuando, yo no podía despegar mis ojos de ti.
Me sentía importante.
No me importaba si en casa me esperaban. No había otro lugar más que ese, contigo en la bateria.
Seguí cada golpe de los platillos como si fueran los latidos de mi corazón.
-Háblame solo de ti.-
-Quiero saber si el destino me conduce a ti.-
Me tiraste al piso ese día, lo recuerdas? y sellaste con un beso este amor que me revienta en el pecho.
Yo regresé por ti a la 1 de la mañana.
Corrí a tu encuentro para que tus brazos se enredaran en mi cintura mientras escuchábamos la canción de unos animalitos.
Nunca lo voy a olvidar.
Podrías sacar tu máquina del tiempo y regresar a cuando nació tu voluntad y amarme con tus días hasta el fin?
Podríamos sentarnos en una vereda hasta las 3 de la mañana y mirarnos con esos ojos de "no me quiero ir"?
Podrías correr hasta aquí, armar tu bateria y tocar solo para mi?
Hoy, lo necesito.
Me desintegro, Ricardo.
Ya no sé que queda de mi.
Te extraño tanto como a mi propia vida.
No puedo más.