
Extraño tanto tus palabras, como extraño las lágrimas de felicidad que surcaban mi mejilla al leerte.
Los días no son iguales desde que tus dedos dejaron de contarme a qué sabia tu amor.
Son como días sin postre. Sin tu mágico dulce.
¿No quieres escribir?
Me has privado de aquello que me enamoró de ti y fuiste tú quien prometiste jamás dejar de hacerlo.
Me has arrancado páginas que me ayudaban a soñar.
Has dejado a mis ojos sin aquella luz que le daban tus frases.
Eso, es lo que nos hace nosotros.
¿Puedes devolvérmelo?
Es necesario.
Es allí a donde corro cuando la vida se hace monótona.
Cuando mis pies caminan por el mismo lugar.
Cuando todos hablan el mismo idioma.
Es justamente, en tus escritos, en donde reafirmo que somos de otra especie.
Es en tus letras, en donde me encuentro cuando me siento perdida.
Tus cartas, son tú, desnudo. Tal y como anhelo verte.
Llena tus dedos de magia para mí.
Para nosotros.
Déjalos respirar. Desátalos.
Y devúelveme la vida que me regalaste alguna vez.