Debimos haber mantenido los ojos cerrados.
Suelo recordar todo, como si tuviera una cámara fotográfica en medio del cerebro.
Ya no sé si eso sea una virtud.
Me estrello contra las paredes como un perro encerrado.
La soga que me ata está partiendo mi tobillo izquierdo.
Ladro, babeo pero nadie me escucha.
Yo recuerdo. Yo recuerdo. Yo RECUERDO.
Como con las manos y después lamo mis dedos, desafiante.
Me limpio en su mandil. ¡Cómo si sirviera de algo!
Solo actúo, si pienso es probable que, de una vez por todas, mi cuerpo maloliente desfallezca.
Maloliente.
Con un vestido que no se ciñe a los huesos que me quedan.
Con una sola bota, que no me pertenece.
Con los pelos por la cara y las mejillas sucias.
Con todos los años encima.
Con una espera interminable frunciéndome el ceño.
Con tu nombre entre los dientes, siempre afilados.
Con un dragón que se mueve y golpea su cola dura contra mí o marca con sus dientes mis tiernas paredes rosadas.
Ahora soy, ¿qué? Una especie de cosa, supongo. Algo que se puede colgar en medio de un campo para espantar a los cuervos, me imagino.
Debe haber algún uso para una cosa tan grande. Me imagino que ya inventarán algo.
Bueno, supongo que tienes que llamarme de alguna forma. Si quieres puedo ser Electra.
Regresa.
Cuéntame tu sueño, una y otra vez.
Dime que no fui yo quien te empujó a este túnel.
Abre tus ojos cansados de no saber.
Cierra mis ojos cansados de no poder.
Deja que suba a tus pies y ovillemos nuestros cuerpos como lo hacíamos antes, soñemos cosas nuevas.
Solamente una vez más y se acabó.
Después, yo arrastraré la orla de mi vestido, dando vueltas por el patio, convirtiéndome en una niña madura devorada por todo esto, por esta pesadilla.
Por favor.
Libérame.
Me lo debes. Yo te salve la vida para esto. Solo para esto.