Quisiera saber cuánto me quieres.
Quisiera pesar el amor, escribirlo, medirlo, darle un color, un aroma.
Quisiera dejar de jalar este elástico llamado corazón y dejarme enredar suavecito.
Quisiera ver cómo me quieres.
Quisiera saber de qué está hecho el amor. No tiene forma, olor, textura.
No lo siento. A veces no lo siento.
Quisiera recordar cómo se siente un suspiro.
Quisiera no querer y que me quieras. Que me quieras hasta que se te arranquen los huesos, hasta que te quedes sin manos de tanto tocarme, hasta que los labios te quemen de tanto anhelar mis besos.
Quisiera recordarte resbalándote entre mi cuerpo. Diciéndome al oído que te calcinas sin mi sonrisa.
Quisiera que esos minutos en los que mi corazón se sobresaltó no se escaparan entre mis dedos.
Quisiera poder perpetuar un sentimiento.
Quisiera saber qué se siente exactamente.
Quisiera poder describirte, describirlo.
Quisiera omitir las bajadas y subidas y mantener una línea constante de amor.
Quisiera poder decidir y no esperar que decidas.
Para sentir no existen las decisiones, existe esto casi irreconocible que nos tiene de aquí y allá.
Para sentir basta escuchar ese intocable latido.
Quisiera asegurarte que puedo amarte eternamente pero el amor no tiene tiempo, espacio, capacidad.
El amor es esa cosa extraña, amorfa, unísona, incalificable, intangible, que llena, que embellece, que prospera, que encandece.
El amor es esto que no puedo cantar, imprimir, verter, cocinar, remedar, fotografiar.
El amor es un espítitu latente.
El amor es cuatro letras.
El amor es el amor después del amor.
El amor es A. M. O. R. empieza con una vocal y termina con una consonante.
El amor es una palabra aguda, como el sentimiento propiamente dicho.
Quisiera poder darte más acepciones pero mejor dime tú ¿Qué es el amor?